Nunca me sentí cómoda

Nunca me sentí cómoda cuando la gente me miraba por ser, para ellos, diferente,  tal vez porque nunca me sentí diferente, puede que cojee un poco al andar, o que mis movimientos no sean finos, hasta reconozco que no hablo claro y que tiemblo a menudo pero eso no me hace mas diferente que el señor que se deja bigote, o la chica que se tiñe el pelo azul, son meras características que nos diferencian.

Al principio aún lo llevaba peor, si temblaba se iban de mi lado y murmuraban, si no vocalizaba bien, asentían y pensaban que iba borracha o drogada. Que triste es comprobar con que descaro se van levantando del banco del parque, el mismo en el que terminas de sentarte y cuchichean a pocos metros de ti,  que dolor  produce que a tu hija le hagan de menos si se acerca a los otros niños,  porque es la hija de la rara y no quieren ese tipo de relaciones  para sus hijos. Yo nunca me sentí distinta pero a fuerza de su rechazo, la sociedad me hizo sentir así, y no es agradable sentirse el bicho raro, te hace aislarte en un mundo lleno de rarezas que no son otra cosa que una forma de  amoldarse a una vida nueva.

La gente roza, a menudo  y con descaro  la crueldad al rechazar lo que no es como ellos, sin siquiera molestarse en preguntar si se encuentra bien, si necesita ayuda.

No hay nada peor que ser la diferente dentro de una cerrada sociedad, te aíslan y te dejan a parte , cosa que no ayuda para nada al enfermo.

Cuando me harte de  ser el punto de mira de los curiosos , cuando pensé que ya tenia yo bastante como para  sentirme mal por sus miradas es cuando me plante y dije basta, tengo párkinson ¿ Y que?

 

 

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