Mujer de las mil batallas

Mujer de las mil batallas

En junio de 2012 me diagnosticaron párkinson y en noviembre salió el disco de “Mujer de las mil batallas” de Manuel Carrasco” y, desde entonces, es mi mantra.

Intentar definir cómo me siento en estos momentos de la enfermedad no es fácil. El próximo mes de julio se cumplirán nueve años de aquel aciago día, de aquel momento en que el neurólogo entró en la habitación del hospital donde llevaba once días ingresada y me dijo tienes párkinson. Nueve años con sus temporadas oscuras y claras, de lágrimas y risas, de miedos y valentías.

Llega el momento en el que realmente tomas conciencia de lo que te ocurre, ya han pasado los llamados años de la dulce luna de miel. Los primeros años fueron sufridos por el impacto de la noticia, pero noté poco esta enfermedad y la medicación me fue de maravilla. Ahora llevo un tiempo en que ya le veo la cara, al párkinson, con mucha claridad, además, hasta puedo tocarlo. No me gusta mostrar mis debilidades, pero llega un punto en que duele, sí, porque el párkinson duele y el mío lo hace siempre. Si tuviera que explicar qué es lo que siento te diría que el párkinson es algo así como un guante de goma quirúrgico, de esos que encajan perfectamente en la mano, pero la constriñen hasta dejarla sin aire. Pero no está puesto sobre mi piel, no, está en mi interior.  Se adhiere a mi cuerpo perfectamente, pero tan tirante que noto cómo se ahoga hasta el dedo meñique del pie. Es como un ser elástico que vive dentro de mí, en tensión, al límite de su tirantez.

Noto cuando toma el control de mi cuerpo, cómo estira y me contrae los músculos, cómo mis párpados se rinden a la resistencia y caen. La sensación de cansancio es total.  Y llega la apatía absoluta, mi cuerpo abandona rígido la lucha contra esa fuerza a la espera de que la goma recupere una flexibilidad más natural, una que me permita moverme. Levantar un pie o una mano puede llegar a ser tan pesado, imposible, termino agotada.

Estoy deseando ir a mi próxima visita con el neurólogo. Sí, lo necesito. Paso demasiado tiempo “off”. ¿Quieres saber qué es un momento “off”? Imagina que vas a la playa con tus hijos y sobrinos, cinco en total, pero tú sola. Cargas con todos los bártulos y los críos corriendo a tu alrededor, los pies se hunden a cada paso que das sobre la arena. Cuando llegas a casa sólo piensas en tirarte en el sofá, te dices “no puedo ni con mi alma”, el alma pesa lo que pesa el mundo. Pero no puedes descansar, en casa tienes cosas que hacer y tampoco es cuestión de cargar a los demás.

Bueno, confío en que esto es pasajero, me alivia pensar que en cuanto vuelvan a pautarme una nueva dosis de levodopa iré mejor. Y así hasta la próxima.

Pero poner esa canción,  Mujer de las mil batallas, me levanta del sofá y me hace dar ese pasito más que sí se puede, porque mientras pueda seré la mujer de las mil batallas.

Paqui Ruiz 

 

  

 

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5 comentarios

  1. Paqui, espectacular la comparativa que haces con el guante quirúrgico, describe perfectamente la sensación que produce el Parkinson, sobre todo, me imagino, que cuando está más avanzado.. aunque yo esa sensación hay momentos y días que ya la siento….

  2. Siempre he tenido esa sensación de que la enfermedad es como un ente que cohabita en mí y con el que he entender

  3. Creo que la enfermedad somos nosotros mismos, mentalmente hemos de intentar combatirla con la menor fatiga.

  4. Yo no lo veo así Yo tengo la enfermedad pero no me identifico con ella, me niego a decir tengo parkinson y ya. Voy a luchar cada día, eso no implica que no descanse. Tengo la suerte de dormir bien.

  5. Yo tengo la mala suerte de no poder dormlir

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