¡Miradnos! ¡Estamos aquí! ¡Y no pasa nada!

¡Miradnos! ¡Estamos aquí! ¡Y no pasa nada!

 

A veces, me siento invisible.  Visiblemente invisible. Y olvidada. Otras veces, me siento desnuda, transparente y vulnerable. Es difícil encontrar el equilibrio entre estos dos sentimientos tan diametralmente opuestos y, al mismo tiempo, tan conectados entre sí. A veces, no sé dónde acaba el uno y donde empieza el otro.  ¿Nunca aflora en  vosotras la necesidad de vivir en el anonimato de vuestro Parkinson? ¿Nunca sentís la necesidad de disimular los andares extraños? ¿Nunca habéis llamado a una puerta por la angustia que os genera “el-que-dirá-la-gente” ante vuestra torpeza para encontrar las llaves en el bolso? 

Yo sí.

Y mientras intento silenciar mi condición de mujer que padece una enfermedad (que no es lo mismo que de mujer enferma) me gustaría gritarle al mundo que ¡tengo Parkinson! para que el mundo no pierda la paciencia por mi falta de agilidad, deje de mirarme como a un bicho raro y empatice conmigo. Y que empatice de verdad, no como un acto de misericordia, si no desde la igualdad y la solidaridad. 

Y de esta manera, con nuestros escritos en este blog, siento que estamos gritándole al mundo: ¡Miradnos! ¡Estamos aquí! ¡Y no pasa nada! Por ello, pienso que sería una lástima que “Con P de Parkinson” se limite a ser un foro de mujeres con Parkinson que nos leemos unas a otras. Fuera de aquí existen muchas mujeres y hombres que no padecen la enfermedad de Parkinson y que se merecen saber más de ella. Y de nosotras. Y nosotras nos lo merecemos también.  

 

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