Mi historia es una historia de superación

Mi historia es una historia de superación

 Mi historia es una historia que por desgracia se repite. Supongo que al leerla os sonará a otras historias ya contadas…. En eso, y en otras muchas cosas, no tengo nada de especial. Lo único que puede ser distinto, lo único que podríais sentir como distinto es el tono en el que te la contaré esa historia, siempre sacando lo positivo de todo y mirando al futuro. Sólo mirando, porque estar lo que es estar, estoy siempre en el ahora con alegría, con ganas de coger de la mano al mundo e irme con él de marcha, con mascarilla y marcando distancias de seguridad con otros que quieran venirse con nosotros. 

Siempre he pensado que todo es según cómo lo mires. Algo horrible no deja de ser horrible por el mero hecho de que tú seas positiva. Lo horrible no desaparece, te lo puedo asegurar, pero sí le quita mucho hierro al asunto, sí hace que todo sea más liviano, más suave, más cálido. Ésa es la diferencia. Y en eso puede recaer la diferencia de mi historia. Tampoco lo sé, la verdad

Lo que sí sé es que en esta enfermedad, que me diagnosticaron con tan sólo 29 años, como no le hagas frente, como no te pongas delante de ella y le grites… gritar, sí, porque es un poco sorda y no se entera…

 ¡ESTA VIDA ES MÍA¡ 

ASÍ QUE YO SERÉ LA QUE DECIDA EL CÓMO, EL QUÉ , EL CUÁNDO Y EL DÓNDE

Es así, o mejor. Tienes que creerte de verdad que el párkinson no puede amargar tu vida, Puede hacer que no te muevas, puede que te deje bloqueada en mitad de una compra en el supermercado, puede que por dolerte te duela hasta el aliento… pero ¿dejar de ser feliz? ¿abandonar tus sueños por esta impresentable? No, mire usted, esto no estaba en el contrato que un fatídico día me obligaste a firmar. Porque el diagnóstico trae consigo una serie de matices que conoces de oídas pero que, en los primeros momentos, no quieres saber nada de ellos. Con el tiempo eso se pasa, te lo aseguro. En mis primeros años con párkinson no hubiera podido ni escribir un párrafo de lo que aquí escribo. Ya estaría llorando, os lo aseguro. Nadie nos enseña el cómo vivir con una enfermedad como el párkinson sin amargarte la vida. Empiezas a jugar al juego de ensayo y error y, de vez en cuando, y más por satisfacer a mi madre que me tenía loca con tanta estampita de SANTO, rezaba.  Y ¡ a echar el día!

Lo primero de lo que me di cuenta es que esto sería una carrera tipo maratón en la que mi entrenamiento no podía ser igual que el que corre los 100 metros lisos y eso implicaba dos cosas. Una, hacerte con un buen neurólogo y, dos, que nada ni nadie me tocaran mi alegría y mi buen humor. Y esto ha sido lo que he estado haciendo todos estos años. Estoy mirar con lupa cada miligramo de levodopa que me tomo, aunque esto lo llevo haciendo desde hace poco tiempo… ya que, la verdad, para mi el neurólogo era como un DIOS que había estudiado medicina y yo era una simple maestra que nada sabía de la enfermedad.

Si os soy sincera, a día de hoy y si volviera a empezar, desde primera hora haría por contactar con personas con párkinson, pero acudiendo a asociaciones y demás… Yo no lo hice así, por falta de tiempo. Entre que trabajaba, la familia y la casa me era imposible acercarme a la asociación.

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