Las mujeres deben aprender a priorizar su propio bienestar.

Las mujeres deben aprender a priorizar su propio bienestar.

Cuando Teresa Borque, una periodista que vive en España, fue diagnosticada con la enfermedad de Parkinson de inicio joven hace 10 años, atravesó una enorme » crisis de identidad», y dice que la afección ha agravado los desafíos que enfrenta. A continuación, comparte por qué es crucial que las mujeres con Parkinson aprendan a priorizar su propio bienestar.

Ser mujer es una lucha diaria en esta sociedad. En el trabajo, luchamos por ser considerados tan buenos como cualquier hombre allí; luchamos en las relaciones para ser respetados como una persona completa; luchamos durante la maternidad por no quedarnos reducidos al papel de una madre. Pero con el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson, la lucha aumenta en 100.

De repente tienes una debilidad física tan grande que cuesta mucho quedarte en el lugar que quieres ocupar como mujer autónoma y competente. El Parkinson se siente como un aliado del sexismo y el paternalismo, tratando de silenciarte y separarte. Tengo la sensación de que a los hombres no se les dice que dejen de existir como individuos porque se ocupan de sus enfermedades y de sus hijos. Más bien, parece «natural» que las mujeres sacrifiquen todo para cuidar y responsabilizarse de una causa mayor. Nosotros, nosotros mismos, nunca somos una causa mayor.

He luchado mucho contra esa idea. Le dejé claro a mi hijo que mi felicidad y bienestar es tan importante como él, y necesito ayuda, para dedicarme tiempo, para invertir en mí. Lo mismo ocurre con las parejas ocasionales que he tenido durante estos años, ninguna de ellas ha entendido que deben adaptarse a mis circunstancias porque tengo la enfermedad de Parkinson. Todos esperaban que yo fuera quien los siguiera, incluso con mis problemas de salud.

“La crisis de identidad que sufrí fue monumental”

Después del nacimiento de mi hijo en noviembre de 2010, noté que estaba arrastrando una pierna, rompiéndome todos los zapatos en la punta de mi pie derecho, y la falta de coordinación me hizo caer al suelo. Tres tomografías computarizadas y una radiografía de contraste nuclear mostraron que me faltaba dopamina. En octubre de 2011, me diagnosticaron Parkinson.

A principios de 2010, era una joven sin responsabilidades, con una vida muy rica intelectualmente y un futuro profesional prometedor. Cuando finalizó 2011, yo era una madre de 37 años con Parkinson, una ‘enfermedad de los ancianos’. La crisis de identidad que sufrí fue monumental.

Sin embargo, no me di cuenta de que estaba enfermo hasta unos tres años después. Terminé celebrando mi 40 º cumpleaños solo en la cama, incapaz de ponerse de pie, con muy profunda ansiedad y la depresión. Estaba aterrado. La primera medicación que me dieron mejoró mi forma de caminar, pero causó un trastorno de control de impulsos que me arruinó económicamente.

Intenté no llorar delante de mi hijo de tres años, llevarlo a la escuela, alimentarlo y asegurarme de que no le faltara nada. Me levantaba y hacía mi parte como un zombi, esperando que llegara la noche para irme a la cama y dormir, desaparecer. Fueron años muy duros. Mi médico de cabecera me ayudó mucho. Me envió a terapia psicológica en un centro especializado para mujeres. Fue difícil para mí aceptarlo, mi autoimagen seguía siendo la de una mujer joven con una vida ligera y prometedora. En ese centro, me ayudaron a aceptar la realidad y poner mi vida en su lugar.

Me sentí muy frustrada cuando tuve que dejar de trabajar como periodista en TVE (Televisión Nacional de España) porque no podía seguir el ritmo que quería o me exigía. La pandemia ha ralentizado el ritmo de todos. He sentido que el mundo entero está tomando mi velocidad, lo que me ha permitido dejar de luchar contra mi lentitud causada por el Parkinson y repensar mi vida, libre de un contexto que siempre me recordaba mis defectos. He decidido intentar volver a trabajar porque mi empresa ha creado sistemas como el teletrabajo de los que creo que puedo beneficiarme.

«Las mujeres tienen que aprender a ser su máxima prioridad en la vida»

Creo que la tarea más importante de cualquier organización es enseñar a los pacientes de Parkinson a cuidarse a sí mismos. Cuando se nos diagnostica la enfermedad de Parkinson, generalmente sabemos tanto sobre el cerebro como cualquier otra persona, casi nada. Muchos pacientes terminan sentándose, tomando su medicación y esperando una cura. Esta es una enfermedad muy compleja que requiere un tratamiento muy completo. Nuestra calidad de vida depende en gran medida de ello.

Animo a las mujeres a que dejen de intentar demostrar nada, con o sin Parkinson. Basamos nuestra autoestima en el reconocimiento de otras personas de nosotros mismos, pero las mujeres tienen que aprender a ser su máxima prioridad en la vida. Tenemos que aprender a decir «yo primero», tenemos que aprender a decir «no» por nuestra cuenta, sin el consentimiento del grupo. Tenemos que aprender a ser insensibles al juicio social, más aún si la salud está en juego.

Necesito saber

Teresa Borque es una periodista de 46 años, radicada en Barcelona, ​​España, donde vive con su hijo de 10 años. Le diagnosticaron la enfermedad de Parkinson en 2011. Es una de las fundadoras de ‘ Con P de Párkinson ‘, un blog que destaca las historias de mujeres que viven con la enfermedad.

Artículo publicado por Parinson´s Life, el pasado 22/4/21.

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