Estabas ahí pero aún no te conocía

Estabas ahí pero aún no te conocía

 Siempre he sido una persona nerviosa, todo mi entorno lo sabe, por eso no le di importancia cuando los temblores aumentaron, al fin y al cabo, en ese momento estaba viviendo una situación complicada y el estrés no ayuda. 

 
 Un día, saltaron las alarmas. Mi madre vino a visitarnos, yo estaba haciendo una redacción para el cole de mi hijo y ella era incapaz de leer aquella letra tan minúscula.
 – Hija, esto no hay quién lo entienda ¿no puedes hacer esa letra un poco más grande?
 *Mamá, he tardado veinte minutos en escribir cuatro frases y ni siquiera me sale una letra decente. No sé, no puedo hacerla más grande, es como si no pudiera mover el boli. 
 
 Un par de días más tarde, la enfermera de una prestigiosa consulta neurológica me llamó, me citó para el día siguiente. Mientras hacía algunos tramites, me preguntó:
– ¿Esa señora que te acompaña es tu madre? Estás aquí, gracias a ella. F una lista de espera de casi doscientas personas. Cuando nos llamó , sentí que tenía la necesidad de buscarte un hueco urgente. Cuídala, no sabes lo que tienes.
 
La enfermera, se equivocó, claro que se lo que tengo y doy gracias cada día por eso, es un auténtico tesoro y la adoro. 
 
 Después de pocos meses, cuando entré en la consulta del neurólogo, esta vez de la Seguridad Social, ya sabía lo que me iba a decir y estaba preparada. Él no quería hacerme las pruebas, decía que  era muy joven y que seguramente se trataba de un temblor distal, pero yo insistí, sabía que algo no iba bien. Así que me senté frente a él, esperando escuchar el diagnóstico. Miró su ordenador, me miró a mí, volvió a comprobar su pantalla, frunció el ceño y dijo «Sí, está ahí, tenías razón… Y no es de ahora, eso lleva tiempo»
 
 Creía que estaba preparada, pero nada más lejos de la realidad, no pude hacer otra cosa que romper a llorar desconsoladamente. A partir de ahí, sólo escuchaba su voz de fondo, mientras mi cabeza daba vueltas y no dejaba de pensar en mi hijo…¡Sólo tiene tres años, qué voy a hacer ahora!.
 
 
 De camino a casa iba algo aturdida, asustada, triste, nerviosa, una brutal mezcla de sentimientos. No dejaba de pensar en sus palabras «Eso ya estaba ahí». ¿Qué quería decir con eso?. Había leído muchísimo y en muchos casos coincidían en que, desde que te diagnostican la enfermedad, tienes aproximadamente diez años de calidad de vida. Entonces, si eso ya estaba ahí, cuántos me quedan!!!! Cuánto tiempo tengo antes de empezar a tener problemas de equilibrio, dificultad para hablar, para comer, para caminar…
 
 Siguiendo el protocolo, acudí a la unidad de Parkinson, donde a partir de ahora tendré un seguimiento. La doctora me recomendó hacer vida normal, pero luego me preguntó a qué me dedicaba. Soy auxiliar de vuelo, le conté. Se interesó mucho por la profesión y yo orgullosa le expliqué mi día a día, mi modo de vida, mi vocación.
Rectificó: En tu caso, eso de vida normal es algo complicado, tendremos que ir mirando…
 Boom, otro palo! ¿No voy a poder volar más? El mundo, definitivamente, se me vino encima. Escuché atentamente sus recomendaciones, todo lo referente a la medición y salí de allí destrozada. A las puertas del Hospital, abracé a mi madre, lloramos juntas e hizo eso que sólo una madre sabe hacer, me reconfortó y me sacó una sonrisa.
 
 Ahora estoy dedicándome a mi misma, voy al gimnasio, hago pilates, visito a la psicóloga, etc. Me enfrento cada mañana a  una nueva situación, el tratamiento es bastante fuerte y aunque de momento no veo resultados, los médicos dicen que cuando el cuerpo se regule, los notaré. El temblor ha ido a más, hay pequeñas cosas rutinarias que me cuesta bastante hacer, a veces me desmayo, lloro mucho, estoy siempre triste, cansada, algunos días, francamente agotada y por supuesto muy preocupada y asustada, aunque intento que nadie lo note.
 
 De momento estoy de baja laboral, esperando en un futuro pasar un tribunal médico y con la esperanza de poder volver a volar. Estoy disfrutando de mi hijo a tope, es fantástico poderlo llevar al cole y recogerlo, compartir con él tanto tiempo. Hay que ver el lado positivo de las cosas y no hay nada mejor que estar con la familia y sentirse arropada.! 
Toca luchar, plantarle cara al Parkinson y disfrutar de mi tiempo y mi familia 
Como escribió Yess Andrés: «Aprovecha ahora, que el tiempo de querer y no poder, ya vendrá» 
 
Yesica B.L.

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