COVID-19 y enfermedad de Parkinson: ¿un impacto duradero?

COVID-19 y enfermedad de Parkinson: ¿un impacto duradero?

Esta es la versión en español del artículo que apareció en Parkinson’s Life.

Los investigadores han explorado la correlación entre las pandemias pasadas y los brotes virales repentinos de la enfermedad de Parkinson, lo que plantea la pregunta sobre el posible impacto a largo plazo de la COVID-19.

Para muchos, la COVID-19 puede haber cambiado para siempre la vida laboral, los eventos sociales y las formas de saludarse. Al mismo tiempo, los investigadores están ahondando en los posibles vínculos entre las pandemias pasadas y otras enfermedades neurológicas crónicas, como la enfermedad de Parkinson (EP).

Según un artículo de la página web periodística BBC FUTURE, en los años 60 hubo epidemiólogos que descubrieron indicios «sorprendentes» de que la gente que vivió su juventud durante la gripe española de 1918 parecía ser tres veces más propensa a desarrollar EP que aquellas personas nacidas en otras épocas .

Según el  Dr. David Cox, que escribe sobre salud, más recientemente se ha relacionado un mayor riesgo de padecer párkinson con otros brotes epidémicos, como los del virus del Nilo Occidental y el VIH. Mientras que la razón de esto no está clara, los neurólogos proponen que estos virus logran entrar en el cerebro, con lo que puede dañar las estructuras cerebrales asociadas al movimiento y, así, iniciar un proceso de degeneración que puede desembocar en párkinson.

¿Qué puede significar eso en el auge de la COVID-19?       

«Las cifras son preocupantes»

Patrik Brundin, que investiga la EP en el Instituto Van Andel (EE. UU.), dice que la pandemia podría tener un impacto de larga duración en la comunidad del párkinson.

«No lo sabemos, pero hemos de considerar que esa podría ser la situación», comenta en el artículo. «Hay muchos estudios que subrayan que las personas que se han recuperado del coronavirus a menudo tienen problemas crónicos en el sistema nervioso, lo que incluye pérdida del olfato o del gusto, abotargamiento mental, depresión y ansiedad. Las cifras son preocupantes».

Según el Dr. Cox, es igualmente preocupante la aparición «de un puñado de estudios que describen la situación de pacientes que, después de una infección por COVID-19, han desarrollado lo que los médicos denominan parkinsonismo agudo: alteraciones tales como temblores, rigidez muscular y dificultades del habla».

Sin embargo, algunos científicos, como Alfonso Fasano, profesor de neurología en la Universidad de Toronto, en Canadá, lo han rebatido, argumentando que falta «información detallada» que apoye esa afirmación.

En cuanto a que una infección de la COVID-19 podría revelar la presencia de síntomas semejantes a los del párkinson en aquellos que ya vivieran con esta enfermedad, Fasano dice que: «es cierto que lo que denominamos un parkinsonismo postencefalítico puede ocurrir tras una infección viral, pero no todas las pandemias son iguales. La gripe española la causó un virus totalmente distinto».

Aun así, el Dr. Cox escribe que ya hay quien pide que se monitoricen los síntomas del párkinson en aquellos que han pasado la COVID-19, para averiguar si la pandemia podría tener efectos neurológicos duraderos.

Traducción al español de Alberto Caballero (Universidad Complutense de Madrid)

                                          

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