Mujer reflexiva, mujer valiente

Ser mujer es una gran suerte cuando enfermas con Parkinson. Pierdes muchas cosas, mejor dicho, cambian muchas cosas y, aunque no deseo a nadie que le caiga este mazazo, y mirando con las gafas de la felicidad, aprender de nosotras mismas es toda una experiencia. 

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Dios salve a la reina. Larga vida a la reina

Hace ya 9 años que sé que tengo párkinson. Hoy tengo 46 y entonces tenía 37. Ya me he acostumbrado. Yo cada vez me muevo más lentamente pero el tiempo pasa volando. Recientemente un colega me preguntó si la levodopa me ha devuelto a mi forma de moverme de antes del diagnóstico.

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¡Miradnos! ¡Estamos aquí! ¡Y no pasa nada!

A veces, me siento invisible.  Visiblemente invisible. Y olvidada. Otras veces, me siento desnuda, transparente y vulnerable. Es difícil encontrar el equilibrio entre estos dos sentimientos tan diametralmente opuestos y, al mismo tiempo, tan conectados entre sí

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