BUSCAR LA BELLEZA

BUSCAR LA BELLEZA

Mi nombre es Verónica. Tengo 50 años, un marido amoroso y compañero, un precioso nene de 10 años y una carrera de derecho administrativo en mi haber.

Me diagnosticaron Enfermedad de Parkinson idiopático a los 49 años, en junio de 2021. Aunque los síntomas comenzaron varios años antes.

En 2018 sufrí episodios de vértigo y rigidez . Unas contracturas fortísimas en cuello, espalda y brazo derecho terminaron por impedirme escribir y hasta tipear con la mano derecha. Inicialmente lo atribuyeron a mis dos hernias de disco cervicales y a estrés laboral.

Me dieron masajes, fui al traumatólogo, al especialista en columna, al reumatólogo, y hasta a una neuróloga que me recetó “dejar de jugar a la mujer maravilla” porque estaba “pasada de estrés y había depositado todo ese stress y los temores de la pandemia en mi brazo derecho”. Sin palabras…

Finalmente, una excelente medica clínica sospechó que mi condición respondía a una afección neurológica y no a estrés. Me derivó a un renombrado neurólogo, quien tras una exploración clínica exhaustiva, me habló de un síndrome parkinsoniano, y luego, test de levodopa mediante, me confirmó la Enfermedad de Parkinson Idiopático de inicio temprano.

El diagnóstico acarrea muchos temores. Pero debemos tener claro que no es una sentencia de muerte y hay mucho por hacer.

Primero lloras, te sientes culpable por los tuyos, piensas «¿por qué a mi?». Sientes que vives una auténtica pesadilla.

Con el paso de los días, tomas conciencia de que la vida es el presente, que sigues viva, que gracias a Dios no es algo peor, que la vida es un regalo y que hay que disfrutarla. Y decides realizar un cambio de obligaciones y empiezas a permitirte hacer esas cosas que te hacen sentir bien.

Siempre le he dado mucha importancia a lo visual y me gustó arreglarme. Asusta perder no sólo movimiento, sino también tu identidad cuando temes e intuyes que esa mirada estética no va a aprobarte en el espejo.

Toda esa “suma de pérdidas” hace que cueste contarlo públicamente. No somos sólo lo que el espejo nos devuelve, está claro. Pero también somos eso … y asumirlo no es ser “superficial”. Sentir que de golpe uno no sólo va a envejecer antes sino también a perder belleza, no es nada grato. Es otra de las bofetadas del Parkinson.

Pero la vida sigue y buscar lo bello en todas las cosas que nos rodean es un privilegio al que no debemos renunciar. Tenemos que aprender a disfrutar con lo que hoy somos y hoy tenemos, disfrutando cada detalle que nos rodea.

Todo eso me llevó a rescatar un viejo deseo: dedicar mi tiempo libre al diseño de interiores. Rescaté viejos talleres que había hecho: patiné muebles, hice nuevos cursos, redecoré mi casa, y abrí una cuenta de IG (@veronicag_interiorstyle) donde muestro lo que hago y comparto info, datos, imágenes, lecturas inspiradoras, y ofrezco asesoramiento en decoración y proyectos de diseño de interiores.

El otro día, navegando por internet, encontré un artículo filosófico sobre el porqué de la búsqueda de la belleza … Les comparto un párrafo que me pareció muy significativo: “La sensación que nos transmite la belleza, sea lo que sea aquello que entendamos por bello, nos produce placer, y por tanto evita, ahuyenta o suspende el dolor. Recordemos que desde los epicúreos hasta el pesimismo de Schopenhauer, la huida de aquello que nos produce dolor es un motor esencial del sentido de la vida…” (Del Blog “La soportable levedad” de Francis Fernández publicado en “El independiente de Granada”).

Señala Jaime Nubiola (Del Blog Filosofía para el siglo XXI “Por qué buscamos la belleza?” 5 de marzo de 2016) que “contemplar la belleza nos hace sentir mejor y por eso la buscamos; nos alivia las penas, nos permite respirar, ensancha nuestra interioridad… Cuando intentamos hacer cosas bellas estamos cambiando el mundo, ensanchando los corazones y la imaginación de las personas. Por esto la respuesta más sencilla es que quizás buscamos la belleza porque nos hace mejores, porque nos cura”.

Busquemos la belleza en lo cotidiano, en una flor, un amanecer, un ocaso, en la música, en un buen libro, en un café compartido con una amiga entrañable, en las cosas simples que nos reconfortan y nos dan alegría, y aferrémonos a disfrutar la vida!.

Un abrazo
Vero G. del Gesso
Desde Buenos Aires

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