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«EL EXTRAÑO SEÑOR P»

«El extraño señor P»

Oyó su nombre y despertó. No esperaba grandes recibimientos. Durante el largo entrenamiento les habían advertido que quizás no fueran bienvenidos. Pero no tenía otra opción. Muchas vidas dependían del éxito de su misión.

En su caso tras escuchar su nombre hubo un silencio prolongado. Aprovechó para mirar a su alrededor. Todo era muy diferente al mundo de donde venía. Entonces se dio cuenta, pensó que había un error. Su futura compañera era joven, hablaba con fluidez y tenía un brillo alegre en la mirada. Le gustó. Se preguntaba si a ella le pasaría lo mismo. Quizás podrían ser buenos amigos. Al fin y al cabo, estarían juntos hasta el final de sus vidas.

Sin embargo, ella miró para otro lado y lo ignoró, siguió con su vida maltrecha como si nunca hubiese llegado. Antes de partir, le habían llegado rumores sobre las malas relaciones con sus anfitriones. Quizás por eso les habían advertido de que no prestasen atención a lo que sucedía a su alrededor y se centrasen en su misión exclusivamente. Pero en el era habitual saltarse las normas. No podía dejar de observar y empezó a darse cuenta de que conforme su labor tenía más éxito ella se sentía peor. Intentaba pasar desapercibido, no moverse, ocupar el mínimo espacio, pensaba que así le haría menos daño pero era imposible, su volumen crecía y se hacía inmenso y todopoderoso mientras ella cada vez se agotaba más y perdía más fuerza. Cada vez que el hacia un intento por acercarse ella tenia un nuevo síntoma: bloqueos, dolores, insomnio, …

La tristeza se había apoderado de ella. Lloraba cuando los demás no la veían, pero él seguía allí, testigo mudo de un dolor expresado en llanto que traspasaba todo su ser y llegaba hasta lo más profundo de su alma.

Le hubiera gustado decirle tantas cosas: que ella no tenía la culpa, que tampoco había hecho nada especial que justificase su llegada, que quizás había sido un error del destino, que era demasiado joven para lo que le había tocado vivir. También que le gustaba respirar y vivir a su lado, que le gustaba oír su voz, le gustaba sentirla, que le gustaba como pensaba cuando se olvidaba de él y sobre todo, por encima de todo le gustaba oírla reír, pero NO PODÍA. Ella se había encerrado en sí misma y no quería nada del exterior, menos aún de él.

Pasaron los días, los años y ella seguía ignorándole mientras el hacía su trabajo del mejor modo que sabía. Su misión consistía en hacer llegar esa valiosa sustancia a los suyos, era la única forma de salvar una civilización que se moría y entre ellos los seres que más amaba en el mundo a los que nunca más volvería a ver. Habían descubierto como llegar hasta aquí pero hasta el momento no sabían como volver.

Y SEGUIA PASANDO EL TIEMPO, … dos seres compartiendo un mismo cuerpo y totalmente extraños e incompatibles. Ambos indefensos frente a un mundo que los había dejado solos porque no eran “lo normal”. Pero un día por fin ella lo miró serena y pausadamente con aquellos ojos tan bellos que lo hizo estremecer. Sintió que era su momento, que tenía que mantener su atención, atrapar su mirada y en un impulso se saltó todas las normas aprendidas en los entrenamientos. Y empezó a hablar en su propio idioma. Y LE CONTÓ SU HISTORIA: que no quería hacerle daño, que venía de una civilización muy lejana para llevarse una sustancia que solo los humanos fabricaban en su cerebro que gracias a ella miles de seres en otra galaxia renacían y vivían … que sentía mucho que ello le provocase esta situación, que no quería hacerle daño, que intentaba por todos los medios ser pequeñito pero no lo conseguía, que sus destinos estaban unidos, que sus hijos necesitaban dopamina que por eso él estaba aquí, que después de todo él solo la tenía a ella.

LO SOLTÓ TODO RAPIDO CASI SIN RESPIRAR … y al terminar vio que ella seguía mirándolo, en sus ojos asomaba un brillo lejano como si después de mucho tiempo despertase y se liberase de los límites de su pensamiento. Ambos se fundieron con la mirada reconociéndose mutuamente hasta que él dijo:

– Perdona que mal educado soy no he dicho mi nombre…
Ella, con uno de esos gestos lentos y medio temblorosos de sus manos le hizo callar y con voz bajita pero más firme que nunca le dijo:

– Te conozco, sé tu nombre. Te llamas PARKINSON. Eres mucho más fuerte que yo y nunca me dejarás.

Y así decidieron esperar su destino que quizás no fuera el mejor, quizás fuera irremediablemente fatal, pero era el único que tenían.
Su romance para los demás se llamaba enfermedad neurodegenerativa. Para ellos era mucho más, era su forma de presentarse en el mundo aunque no les agradase, era su esencia, su única forma de seguir vivos. Y, mientras la vida pasaba confiaban en que quizás aquellos seres lejanos que un día se despidieron de su papá podían venir a recogerlo. Ese día significaría que habían encontrado el camino de vuelta, que él se iría y sus vidas podrían volver a la normalidad, la ansiada cura habría llegado. Pero mientras tanto solo podían SOÑAR y ESPERAR…VIVIR SU ROMANCE IMPOSIBLE, lentamente, disfrutando de la esencia de cada segundo mientras el mundo fuera seguía sin prestarles atención.

Juana Rodríguez

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